Eurídice Cabañes
  Influencias de la tecnología
 

 

Influencias de la tecnología en las identidades y relaciones sociales. 


Actas electrónicas del III Congreso online del Observatorio para la CiberSociedad: Conocimiento Abierto, Sociedad Libre

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Abstract:


Analizaremos cómo el rápido incremento de las nuevas tecnologías producen un fenómeno que denominaremos utilizando el término que acuñó Gergen (1992) "saturación social". Éste fenómeno conlleva una nueva forma de interacción, la ruptura del yo unitario y del concepto de objetividad, que se lleva a cabo mediante la multiplicidad de relaciones entre diferentes personas y culturas que posibilitan las nuevas tecnologías.

Introducción:

El término saturación social es acuñado por Gergen (1992), que afirma que las nuevas tecnologías (1), al permitir mantener relaciones, directas o indirectas, con un círculo cada vez más basto de individuos, nos llevan a un estado que Gergen llama de "saturación social". Esta saturación social influye tremendamente sobre la manera en la que conceptualizamos nuestro yo y nuestras pautas de vida social.

Es importante para esta nueva conceptualización del yo, la forma de servirnos del lenguaje y el distinto vocabulario que podamos encontrar en nuestra cultura, de tal forma que "a medida que se expande el vocabulario de la expresión del yo, también lo hace el repertorio de relaciones humanas (2) ".
Ya Wittgenstein afirmaba que los limites de mi lenguaje son los límites de mi mundo, frase que cobra especial significado en cuanto al lenguaje del yo, en el que los términos de los que disponemos imponen límites a nuestras actuaciones.

1. La disolución del concepto de identidad: ¿qué pasa con mi "yo"?

El hecho de que con las nuevas tecnologías se haya desmantelado el concepto de esencia personal y no haya traído consigo un vocabulario nuevo para comprendernos en esta nueva situación genera una crisis (3):

"La saturación social nos proporciona una multiplicidad de lenguajes del yo incoherentes y desvinculados entre si. Para cada cosa que "sabemos con certeza" sobre nosotros mismos, se levantan resonancias que dudan y hasta se burlan. Esta fragmentación de las concepciones del yo en consecuencia de la multiplicidad de relaciones también incoherentes y desconectadas, que nos impulsan en mil relaciones distintas, incitándonos a desempeñar una variedad tal de roles que el concepto mismo de "yo auténtico", dotado de características reconocibles se esfuma. Y el yo plenamente saturado deja de ser un yo (4) "


En las condiciones actuales de hipertecnologización "las personas existen en un estado de construcción y reconstrucción permanente (…) Cada realidad del yo cede paso al cuestionamiento reflexivo, la ironía, y, en última instancia, al ensayo de alguna otra realidad a modo de juego. Ya no hay ningún eje que nos sostenga (5) "

Esto tiene que ver en parte con que las nuevas tecnologías (sobre todo internet) nos permiten atravesar fronteras, y con ellas, los cercos visibles de nuestra cultura. Por tanto, si al salirnos de nuestra cultura y ponernos en contacto con otras descubrimos que nuestras más estables creencias sobre el yo, no sólo no existen en esa cultura sino que sonarían a broma excéntrica, descubrimos que los hitos más sólidos sobre el ser humano no son más que mitos producto de un determinado condicionamiento social.

Es por tanto un estudio histórico de estas consideraciones del yo, el único que puede librarnos de los modos cerrados y culturalmente impuestos de nuestra concepción cultural.

Es hora aquí de realizar una genealogía del yo al estilo más puramente foucoultiano, y preguntarnos, como hace Gergen ¿cómo llegó nuestra cultura a asignarle tanta importancia al yo individual? Hasta el s XVIII no se daba esta importancia, y fue a partir de ese siglo cuando un cambio en la sensibilidad común hizo que se le prestara mayor importancia, al tiempo que modificaban el conjunto de características atribuidas al yo individual (por ejemplo, antes los niños eran concebidos como adultos en miniatura, y hasta el s XVII no se pensaba que la niñez fuese un estado de inmadurez, tampoco el "instinto maternal" es un universal pues durante los siglos XVII y XVIII los niños vivían de forma marginal y sus abandonos estaban a la orden del día).

De este modo descubrimos que todas las premisas a cerca de "lo que somos" son precarias puesto que únicamente son el producto de una cultura en un momento histórico, "llegamos a percatarnos de que cada verdad sobre nosotros mismos es una construcción momentánea, válida solo para una época o espacio de tiempo en la trama de ciertas relaciones (6) "
Nuestra actual concepción del yo (que con el incremento de las nuevas tecnologías está dejando de tener un suelo firme en el que sustentarse), está condicionada por una visión romántica y una visión modernista del yo.
Para los modernistas las características principales del yo se centran exclusivamente en la razón y la observación (que actualmente impregna las ciencias, instituciones y en gran parte las relaciones personales). Es un modo de ver al ser humano que viene de la Ilustración, donde razón y observación eran buenas armas para enfrentarse al derecho divino. Estos elementos constitutivos de la naturaleza humana daban al hombre la capacidad de discernir la verdad y tomar decisiones acertadas.

Esta definición del sujeto vino acompañada de un gran optimismo producido en parte por la fe en el progreso: "El optimismo alimentado por las voces del Neoiluminismo contribuyó a crear lo que muchos consideraron como el gran argumento del modernismo, un relato que la cultura occidental se narraba a si misma sobre su trayectoria temporal, tornándola a su vez comprensible y gratificante. Ese gran argumento es el de un movimiento en permanente ascenso hacia una meta (…) y la ciencia ofrecía las guías rectoras (7) " y al tomar la ciencia por estandarte se tendió a buscar las esencias.

Esto en el arte se tradujo por la búsqueda de la forma pura, la música por una serie de combinaciones matemáticas que dieron lugar al sintetizador electrónico con la consiguiente deshumanización de la música.

Esa figura de la máquina tendió a instaurarse como metáfora de los cuerpos y las escuelas "la concepción positiva de la verdad a través del método se vio beneficiada por la figura de la máquina. Con esa metáfora los campos de estudio podían considerarse fabricas de saber que generaban verdades objetivas, de la misma manera que las fábricas de embutido fabrican salchichas (8) "

Todo esto influyó enormemente en la concepción del yo pues la si ciencia enseña que el mundo se compone de entidades fijas y reconocibles, lo mismo puede ser válido para las personas, de este modo surge la psicología científica, que emprendió la tarea de esclarecer la naturaleza del yo básico siguiendo en parte la metáfora de la máquina ("estructuras del pensamiento", "implantación de hábitos"… connotaban un ser cuya esencia era mecánica y racional):

"Los seres humanos tenían una esencia, y, en caso de no tenerla se descubría un enfermo: la terapia proporcionaba o reestablecía esa esencia. Eric Erikson, por ejemplo, sostuvo que el logro principal de un desarrollo normal es un sentimiento de identidad firme y estable. Andar a la deriva en un estado de identidad difusa equivalía a haber fracasado en la tarea básica del desarrollo de la personalidad (…) La misión del terapeuta consistía en reestablecer al individuo en un sentimiento pleno de aceptación de su yo (9) "


Recordemos al lobo estepario:

"El cuerpo no es nunca más que uno; pero las almas que viven dentro no son dos, ni cinco, sino innumerables; el hombre es una cebolla de cien telas, un tejido compuesto de muchos hilos. Esto lo reconocieron y lo supieron con exactitud los antiguos asiáticos, y el yoga budista se inventó una técnica para desenmascarar el mito de la personalidad. Pintoresco y complejo es el juego de la vida: este mito, por desenmascarar el cual se afanó tanto la India durante mil años, es el mismo por cuyo sostenimiento y vigorización ha trabajado el mundo occidental también con tanto ahínco (10) "
"Y si alguna vez las almas humanas organizadas delicadamente y de especiales condiciones de talento surge el presentimiento de su diversidad, si ellas como todos los genios, rompen el mito de la unidad de la persona y se consideran como polipartitas, como un haz de muchos yos, entonces, sólo con que lleguen a expresar esto, les encierra inmediatamente la mayoría, llama en auxilio a la ciencia, comprueba la esquizofrenia y protege al mundo de que de la boca de estos desgraciados tenga que oír un eco de verdad (11) "


En la psicología clínica cobró auge el conductismo, para el que la homosexualidad, fobias… eran equiparados a disfunciones de una máquina (12). También suponiendo que las personas poseen esencias similares a las máquinas, es lógico que se entiendan esas esencias como medibles, y es así como entra en auge los tests mentales y de la personalidad pero "¿Cómo sabemos que los tests de CI miden la inteligencia?" De algún modo, al crear los tests debe haber un criterio previo sobre la inteligencia en función de la cual puedan ser contrastados los resultados (13) " y resulta que este criterio se basa única y exclusivamente en el rendimiento escolar, lo que, como veremos en el siguiente punto, no es sino una mínima parte de las inteligencias posibles. Además al emplear un tests de inteligencia "se da por supuesto que la cualidad es una propiedad fija del individuo (14) ", es decir, los tests mentales se basaban en el supuesto de que las personas son estables a lo largo del tiempo.

Por esto se empleó durante largo tiempo (aun hoy está vigente este sistema) como predictores del futuro, la cuestión que se plantea aquí es si realmente predicen el futuro correctamente o si, por el contrario lo que hacen es marcar unas pautas de actuación con los sujetos que han realizado los tests y la conveniente exclusión de quien no los supere con éxito.

Los románticos sin embargo, durante los siglos XVIII y XIX cuestionaron la supremacía de la razón y se enfatizó el mundo de la interioridad oculta que yacía bajo la capa superficial de la razón consciente, así como la imaginación se convirtió en cualidad muy preciada en tanto que permitía escapar de la vida mundana, aparece la figura del genio como morador en las profundidades del individuo…

Esta visión romántica, no se quedaba en el discurso sino que era un apremio a la acción. Contribuyó a revolucionar el arte que se centraba en la representación de estados emocionales, seres míticos y el "más allá", la música con interpretaciones de la profundidad interna, etc. Pero se vio sobrepasada por la concepción modernista debido al avance tecnológico que creaba la falsa sensación de progreso.

Pero ambas concepciones están desmontándose paulatinamente erosionadas por las fuerzas de la saturación social, pues, "la saturación social acarrea un menoscabo general de la premisa sobre la existencia de un yo verdadero y reconocible (15) " y si la saturación continua nos arrastra a los "embelesos de ser multiplicado. Al echar por la borda lo verdadero y lo identificable, uno se abre a un mundo enorme de posibilidades. Propongo que esta etapa final de la transición hacia lo posmoderno se alcanza cuando el yo se desvanece totalmente y desaparece en un estado de relacionalidad (16) ".

Recordemos la conversación con el re-constructor de la personalidad que mantiene el lobo estepario en el teatro mágico:

"La idea equivocada y funesta de que el hombre sea una unidad permanente le es a usted conocida. También sabe que el hombre consta de una multitud de almas, de muchísimos yos. Descomponer en estas numerosas figuras la aparente unidad de la persona se tiene por locura, la ciencia ha inventado para ello el nombre de esquizofrenia. La ciencia tiene en esto razón en cuanto es natural que ninguna multiplicidad puede dominarse sin dirección, sin un cierto orden y agrupamiento. En cambio no tiene razón en creer que sólo es posible un orden único, férreo y para toda la vida, de los muchos sub-yos. Este error de la ciencia trae no pocas consecuencias desagradables; su valor está exclusivamente en que los maestros y educadores puestos por el Estado ven su trabajo simplificado y se evitan el pensar y la experimentación. Como consecuencia de aquel error pasan muchos hombres por "normales", y hasta por representar un gran valor social, que están irremisiblemente locos, y a la inversa, tienen a muchos por locos, que son genios. Nosotros completamos por eso la psicología defectuosa de la ciencia con el concepto de lo que llamamos arte reconstructivo. Al que ha experimentado la descomposición de su yo le enseñamos que los trozos pueden acoplarse siempre en el orden que se quiera, y que con ellos se logra una ilimitada diversidad del juego de la vida" (17)


Este nuevo ser hipertecnologizado destaca por ser un individuo "sin carácter", (18) un individuo como el que proclama la cultura china, para la que la insipidez y la llaneza de carácter han de ser sus objetivos: "También se puede alabar la insipidez del sabio desde un punto de vista psicológico: la insipidez debe ser el rasgo dominante de nuestro carácter, puesto que solo ella permite al individuo poseer por igual todas las aptitudes y demostrar en todo momento la facultad requerida (…) Sólo la llaneza y la insipidez permiten que no se excluyan las cualidades contrarias (…) Así pues, sólo la insipidez asegura una perfecta polivalencia del carácter que permite al individuo corresponder a la vez a todos los aspectos de la situación y adaptarse sin trabas a su evolución (19) "

Al poner bajo sospecha conceptos como el de "expresión auténtica del yo", las nuevas tecnologías contribuyen a una escisión multifrénica (20) del individuo en miles de relaciones fragmentarias. "Cada uno es una metáfora para los individuos con los que entablamos contacto. Ellos nos suministran imágenes de lo que implica ser una persona auténtica, y al incorporar sus modalidades de ser nos convertimos en sus sucedáneos, en metáforas de su realidad. Vivimos cómodamente instalados en esas metáforas, hasta que se vuelven literales: asumen la apariencia de algo sólido, parecen sinceros reflejos de la verdad que trascienden. Lo literal es simplemente una metáfora que se ha vuelto satisfactoria. (…) En el contexto tradicional, la transición de lo metafórico a lo literal se cumplía con más soltura. Con una variedad limitada de otros seres de quienes tomarlas, y un conjunto limitado de oportunidades de acción, uno podía determinar rápidamente las metáforas del yo y usarlas con confianza. (…) En cambio la saturación social siembra de obstáculos el camino hacia nuestro yo literal. Ahora contamos con un cúmulo de imágenes en las que basarnos, a menudo efímeras, y nuestras opciones ahora son enormes. (21)

Y cada yo que integramos en nuestra persona contribuye al diálogo interno, a debates con nosotros mismos. Por cada opinión que tenemos, surge una voz con la contraria y cada impulso tendente a conformar la identidad es sometido a un cuestionamiento creciente:

"Llevamos en la memoria las pautas de ser ajenas (…) a medida que pasan los años el yo de cada cual se embebe cada vez más del carácter de todos los otros, se coloniza. Ya no somos uno (…) contenemos multitudes "


Pero aunque no exista ningún yo interior al que ser fieles, la vida sigue su curso, y nosotros debemos seguir actuando, Gergen nos invita a jugar en el carnaval, pero no a un juego sin más, sino a un juego serio, pues un juego meramente deconstructivo no da lugar a la interconexión de todos nosotros: "En el proceso del juego serio no se pierde el énfasis posmoderno en la multiplicidad, la construcción social y la reflexión sobre el yo; siguen en pie recordándonos permanentemente el carácter relativo de los compromisos transitorios, no obstante dentro de la jurisdicción del juego serio son posibles ciertos compromisos (22) ", en este juego serio todos ponemos las reglas y entre todos podemos cambiarlas.


2. Las relaciones sociales en el nuevo contexto tecnológico:


"Por obra de las tecnologías de este siglo, aumentan continuamente la cantidad y variedad de las relaciones que entablamos, la frecuencia potencial de nuestros contactos humanos, la intensidad expresada en dichas relaciones y su duración. Y cuando este aumento se torna extremo, llegamos a un estado de saturación social (23)"


En este estado de saturación social cobran espacial importancia dos factores: la perseverancia del pasado, por la que podemos seguir en contacto con personas que formaron parte de nuestro pasado sin importancia del tiempo ni la distancia, y la aceleración del futuro, que provoca que el ritmo de las relaciones se incremente.

Aparecen también nuevas formas de relación y se modifican las existentes, por ejemplo se tiende más a crear otro imaginario con el que relacionarse, y las relaciones mediante correo electrónico facilitan la ruptura de las jerarquías sociales al permitir una relación más espontánea no condicionada por la presencia física e imponente de, por ejemplo, nuestro jefe directo. Gergen nos menciona dos nuevas formas de relación en la era posmoderna, los amantes amigables (que ya sabemos todos en que consiste), y la relación de microondas, que tiene que ver con el cambio de cantidad por calidad en las relaciones.

La tecnología también incrementa el nivel emocional de muchas relaciones, debido a la falta de normalización, la quiebra de la vigilancia ajena, la fantasía y la fugacidad y brevedad de los encuentros. Al tiempo que nos aporta un mayor conocimiento a cerca del qué y el cómo de las relaciones humanas.

3. Conclusión: generación de espacios de libertad.

Hemos visto cómo el incremento de las nuevas tecnologías rompe con los discursos de poder pretendidamente objetivistas, entre ellos con la idea de una identidad fija e invariable que era más bien regulativa. Como afirma Gergen, con el incremento de las nuevas tecnologías aparece una "infiltración en la conciencia cotidiana, de la duda sobre si mismo, una sutil sensación de insuficiencia que agobia las actividades que se emprenden con una incómoda sensación de vacuidad inminente. Esa sensación de insuficiencia es un producto colateral de la colonización del yo y de la presencia de espectros sociales; pues al incorporar a otros dentro de nuestro ser se amplia la gama de lo que consideramos bueno o correcto o ejemplar (24) "

De este modo se cuestiona la racionalidad de las decisiones en la vida cotidiana, que depende directamente de los acuerdos culturales o sociales sobre la conveniencia de determinadas acciones. El aumento de criterios de racionalidad aumenta el grado de complejidad hasta tal punto que es prácticamente imposible tomar una decisión racional.

Esto es de gran importancia en tanto que no sólo se cuestiona la pretendida autenticidad del ser humano, sino el mismo concepto de verdad objetiva:
 

"El sentido de objetividad es un logro social. O sea, para considerar algo fáctico o verdadero es necesario que los otros hayan llegado a igual conclusión (…) La objetividad científica se basa igualmente en la presunción de un consenso. No basta que un científico proclame por su cuenta haber hecho un descubrimiento: para considerarlo un hecho, tendrán que analizar sus datos y pruebas otros hombres de ciencia, repetir la investigación o tratar de verlo con sus propios ojos. La objetividad se alcanza pues mediante una coalición de subjetividades (25) "


Las tecnologías de la saturación social, al abrir esa brecha en la pretendida objetividad científica, han permitido que se oigan voces nuevas que se atreven a cuestionar las verdades institucionalizadas. Grupos minoritarios se organizan y cooperan a escala global, se alzan las voces contra el saber/poder y se defiende la multiplicidad de marcos de referencia a elegir para la interpretación de los hechos… este Imperio tecnológico ha abierto la posibilidad de la discrepancia.


[1] Pero analicemos más detenidamente cuales son esas tecnologías de la saturación social: La aparición primero de tecnología de bajo nivel (ferrocarril, automóvil, radiodifusión, cine, walkmans, televisión, libro impreso de gran difusión, el teléfono) que se extendió rápidamente y la posterior aparición de la tecnología de alto nivel (el avión de pasajeros, las cintas de video y los videoclubes, internet, los teléfonos móviles…) ha convertido la vida moderna en un mar turbulento de relaciones sociales, en la que rostros y voces nuevas aparecen por doquier.
[2] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p24.
[3] Que no ha de entenderse necesariamente como problema, pues abre todo un mundo de posibilidades.
[4]  Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p26.
[5] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p27.
[6] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p37.
[7] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p54.
[8] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p61.
[9] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p66.
[10] Hesse, H: El lobo estepario, Alianza Editorial, Madrid, 2004, p71.
[11] Hesse, H: El lobo estepario, Alianza Editorial, Madrid, 2004, p69.
[12] Suponen desde el modernismo que las descripciones científicas están libres de una carga valorativa, pero aquí vemos claramente como abrazan los valores de quien las propugna.
[13] Lewontin, R.C: No está en los genes, Crítica, Barcelona, 2003, p111.
[14] Lewontin, R.C: No está en los genes, Crítica, Barcelona, 2003, p113.
[15] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p37.
[16] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p38.
[17] Hesse, H: El lobo estepario, Alianza Editorial, Madrid, 2004, p217.
[18] Obviaremos aquí las connotaciones negativas que esta expresión tiene en nuestra cultura.
[19] Jullien, F: El elogio de lo insípido, Siruela, Madrid, 1991, p53-54.
[20] Gergen denomina multifrenia a ésta escisión del individuo en una multiplicidad de investiduras de su yo, pero no lo califica de enfermedad sino que destaca la sensación positiva de expansión y de aventura que conlleva.
[21] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p281.
[22] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p250.
[23] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p92.
[24] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p113.
[25] Gergen, K. J: El yo saturado, Paidós, Barcelona, 1992, p119.