Eurídice Cabañes
  El abismo imaginado
 

 

Lo humano y lo tecnológico: el abismo imaginado.

 

Eurídice Cabañes Martínez


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1.- Introducción:

 

Dentro de nuestra natural propensión a establecer límites y fronteras, tendemos, en gran parte de los casos, a establecer confrontaciones, a definir un concepto en términos dicotómicos. Cuerpo/mente, naturaleza/cultura son binomios que configuran nuestra forma de pensar.

 

En la comunicación que proponemos, analizaremos una dicotomía que, si bien, tiene una amplia relación con las mencionadas anteriormente, es más concreta, esta es: la dicotomía humano/tecnológico.


2.- Historia del abismo

 

Antes de plantearnos cuando surge el abismo entre lo humano y lo tecnológico debemos remontarnos hasta el origen de la tecnología, para analizar si el abismo entre lo humano y lo tecnológico se remonta a éste, o si, por el contrario este distanciamiento se produjo después, y si es así buscar el cuándo y el porqué.

 

2.1. El origen:

 

Es en la prehistoria donde podemos encontrar la primera de nuestras revoluciones tecnológicas: el tallado de la piedra. Parece obvio que esto, no sólo no parece estar distanciado de lo humano, sino que, más bien, parece ser esencial a éste, constituyendo uno de los momentos clave en la evolución humana. Podemos decir, por tanto que ni esta, ni las siguientes revoluciones tecnológicas relacionadas con los primeros útiles y herramientas, el encendido del fuego, la alfarería, la escritura, etc. muestran el abismo actualmente considerado entre lo humano y lo tecnológico, no muestran ni tan siquiera una pequeña brecha que pudiese constituir el inicio de este abismo.

 

Entonces, al menos si aceptamos que este sea el origen de la tecnología, el actual abismo no está en nada vinculado a este origen (más bien da precisamente la sensación contraria).

 

¿Dónde surgió entonces la primera brecha?

 

Si salimos de la prehistoria y continuamos avanzando a lo largo de la historia nos encontramos con nuevos avances tecnológicos como el ábaco, el carro con dos ruedas, la brújula… aquí tampoco parece haber ningún distanciamiento con lo humano, de momento lo humano y lo tecnológico son indisociables. Hasta ahora los útiles tecnológicos se muestran meramente como herramientas o extensiones de nosotros que aportan una ayuda extra a la hora de realizar nuestras tareas. Entonces quizá debamos replantear la cuestión inicial: ¿Cuándo dejaron de entenderse los productos tecnológicos como herramientas humanas para pasar a comprenderse como competidores hostiles?

 

Para que este cambio tuviese lugar fue necesario que los productos tecnológicos aumentasen en complejidad hasta lograr desempañar actividades que, hasta entonces, sólo los humanos podían realizar. Si tenemos en cuenta esto quizá podamos encontrar el inicio de esta disociación en la revolución industrial. En una cultura en la que la economía, el trabajo e incluso los principios más básicos de la vida se entienden en términos de competición (no hay más que echar un vistazo al darwinismo), las máquinas en los puestos de trabajo no fueron entendidas como herramientas más o menos útiles, sino simple y llanamente como competidores. La tecnologización de la producción no sólo trajo consigo nuevos productos y una producción más rápida y eficiente, sino también grandes concentraciones de gente en los núcleos urbanos y los primeros movimientos obreros que reclamaban sus derechos ante largas jornadas de trabajo y altos índices de paro.

 

En este contexto surge uno de los primeros movimientos anti -tecnológicos: el ludismo, que surgió como una respuesta violenta al paro creciente que generó la implantación progresiva de máquinas que eran capaces de realizar el trabajo de un modo más eficiente y productivo: los trabajadores veían las máquinas como competidores mecánicos, que, con el extrañamiento producido por la diferencia (por ser carente de carne, piel y órganos vitales, frío y extraño), unido a su consiguiente pérdida de empleos, se les hacían aun más hostiles, haciendo que estas se convirtiesen en la cabeza de turco de sus problemas. Así, se produjeron quemas de telares y destrucción de máquinas, que constituyen un ejemplo práctico de esta concepción dicotómica de lo humano frente a lo tecnológico.

 

Seguramente este fue el punto clave en el que lo tecnológico empezó a distanciarse de lo humano en nuestra concepción, ese momento en que se horadó la brecha que ha devenido en abismo. Pero sería interesante, no sólo estudiar cómo esta brecha ha ido ampliándose hasta convertirse en abismo, sino también analizar el trasfondo cultural y los azares que llevaron a esta escisión en el momento de la revolución industrial, puesto que, si vamos a otras culturas podemos ver que esta dicotomía no está presente.

 

2.2. ¿Es este abismo transcultural? Breve recensión sobre la relación humano tecnología en oriente: el caso de Japón.

 

Japón, al igual que occidente, ha mostrado un gran desarrollo tecnológico y, como país abierto y receptivo a otras culturas, ha absorbido muchos adelantos tecnológicos de occidente, pero su relación con la tecnología es, pese a que pueda parecer similar, muy diferente de la nuestra.

Podemos ilustrar esto con un pequeño ejemplo: El reloj mecánico fue un invento occidental introducido en Japón en 1551, pero el primer reloj mecánico nacido en Japón no apareció hasta finales del siglo XVI. Esto fue porque no es fácil crear un reloj que represente el sistema de tiempo japonés, que, a diferencia del occidental, en que las horas tienen siempre la misma duración, en Japón, el tiempo se mide por horas desiguales o estacionales, dividiendo el tiempo desde el amanecer hasta el atardecer en seis partes iguales. La extensión de cada parte, entonces, era elástica, siendo las horas más largas en verano y más cortas en invierno. Por ello, introducir el reloj en Japón supuso más que la imitación, una adaptación a su concepción del tiempo1

Este ejemplo ilustra las diferencias que pueden existir en cuanto a producción tecnológica entre occidente y Japón, pero veámoslas más explícitamente. En primer lugar, podemos ver que, a diferencia de occidente, donde la cultura tradicional supuso un freno para el desarrollo tecnológico, en Japón no existió en ningún momento conflicto entre su cultura tradicional y la tecnología: las industrias de alta tecnología se desarrollaron mientras se preservaba su cultura tradicional. Para establecer una comparación más concreta, cuando las primeras máquinas entraron a formar parte de la rutina laboral de los japoneses, éstos les pusieron nombres y las trataban como a un compañero más2

 

Esto contrasta enormemente con las quemas de telares mecánicos, por parte de los movimientos ludistas, que hemos visto antes.

 

También ha ayudado a la aceptación de las máquinas y las nuevas tecnologías su modo de ser armónico. Veamos esto, al entender el mundo como una relación armónica, la relación humano tecnología no presenta los problemas que sí se nos plantean a los occidentales. Así podemos ver cómo existen dos sensibilidades muy diferentes hacia los dispositivos mecánicos en occidente y en Japón. En el primero, se reciben con miedo y en términos de confrontación, mientras que en Japón, debido a su pensamiento que atribuye espíritu o alma a cada objeto, se les acoge como si fuesen uno más, se las trata como seres vivientes, por lo que carecen de la dicotomía artificial/natural que tantos problemas nos causa en occidente.

 

2.3. Arqueología del abismo

 

Una vez hemos visto que en otras culturas la dicotomía humano/tecnológico no está presente, y que incluso si nos limitamos a nuestra cultura, esta dicotomía no está desde el surgir de la tecnología, sino que aparece en un momento determinado de la historia, se nos hace evidente que esta dicotomía no es natural (si es que alguna lo es). Por ello consideramos necesario un análisis más detallado de los motivos culturales que dieron paso a esta escisión.

 

Es decir, hemos analizado el momento histórico en que la brecha se abrió, pero para que se abriese esa brecha, el suelo aparentemente firme debía haber sido previamente horadado. O, por seguir con la metáfora geológica, antes de que sea visible la brecha, han de haberse dado unos movimientos tectónicos, que son inapreciables, salvo por sus consecuencias.

 

Esto es lo que buscaremos ahora, los movimientos imperceptibles en el suelo de la relación de lo humano con lo tecnológico que produjeron la brecha.


 

2.3.1. Las concepciones heredadas de la tecnología

 

Si tomamos la cultura griega, de la que somos herederos, vemos que la actitud escéptica se apoya en la opinión filosófica que distingue entre un conocimiento verdadero (episteme) y un saber empírico (techne), mostrándose así la desconfianza hacia los poderes técnicos, pues entienden que representan una extralimitación de la condición natural. “Así la técnica sería una expresión de la desconfianza hacia la naturaleza; sería la búsqueda de la satisfacción de necesidades vanas que envilecen al ser humano y lo apartan de lo trascendente; o alimentarían una seducción por objetos de entidad degradada (el objeto técnico, o sea el artefacto, se considera de menor entidad que el objeto natural)”3

 

También encontramos una actitud similar en la Edad Media, en la que la religión cristiana (otra de nuestras concepciones heredadas fuertemente arraigada en nuestro modo de pensar) consideraba que el conocimiento técnico era vanidoso frente al objetivo verdadero de la salvación, en tanto que llevaba a entender al hombre como creador junto con dios, lo que no podía dejar de ser entendido como una blasfemia.

 

Si intentamos profundizar en ambas concepciones, podemos ver que la base de estas actitudes frente a la tecnología se asienta en otra dualidad: la dualidad cuerpo/alma; ya que, en ambos casos, lo que provoca este desasosiego, es que se entiende la tecnología como el triunfo del cuerpo sobre el alma, ya sea entendida esta con las connotaciones cristianas (por lo que se entendería el quehacer humano físico opuesto al quehacer divino espiritual), o como la racionalidad, el pensamiento, etc. (caso éste en el que el quehacer físico se vería como opuesto al racional).

 

Claro que no todas las actitudes heredadas hacia la tecnología muestran este desasosiego, el pensamiento ilustrado mostraba un gran optimismo hacia los avances de la tecnología, confiando en estos como la máxima expresión de la racionalidad científica, que llevó a la gran metáfora de la naturaleza como máquina. Pero este optimismo también es explicable en términos de esa dualidad, en tanto que en este caso el optimismo es debido a que la tecnología se entiende como el triunfo de la racionalidad sobre el cuerpo (las sensaciones, emociones), imperfecto y con la consiguiente posibilidad de error. Este optimismo tuvo como contrapartida, la llegada del romanticismo, que se subleva contra el reduccionismo de las teorías mecanicistas y ataca los valores de la racionalidad apelando al sentimiento.

 

Actualmente estas actitudes aun son perceptibles, y son, en parte, una explicación de por qué se concibe ese abismo entre lo humano y lo tecnológico.



3. ¿Que es la tecnología?

 

Hemos estudiado el origen de la tecnología, hemos visto como la dicotomía humano/tecnología no es transcultural, analizando las concepciones heredadas de la tecnología y dado una explicación psicológica a este fenómeno, pero hemos dejado una pregunta importante sin contestar ¿Qué es la tecnología?

 

Al intentar definir la tecnología pueden tomarse dos caminos muy diferentes, el primero consiste en intentar una definición a través de su relación con la ciencia, el segundo en tratar de establecer esa definición tomando como referencia los productos de la tecnología. Como se verá más adelante, nos posicionaremos en este ensayo a favor de la segunda, en tanto que la definición que surge no se establece en términos dicotómicos en relación con la ciencia, ya sea por oposición, por entender una como anterior o posterior a la otra, como inferior o superior… Pero pasemos a analizar ambas posibles definiciones.

 

    3.1. Ciencia versus tecnología

 

Si vamos a definir la tecnología en relación con la ciencia, nuestra definición será muy diferente dependiendo de cómo entendamos esa relación. Así, si tomamos los modelos propuestos por Niiniluoto4 vemos que esa relación puede darse de cinco modos diferentes:

 

1- Entendiendo ciencia y tecnología como independientes desde un punto de vista ontológico sin interacción entre ellas. Ejemplo: Antigua Grecia, donde, salvo en el caso de Arquímedes, los filósofos sólo se ocupaban de la ciencia de la naturaleza, no de la techne. Y la tecnología por tanto era entendida como un mero poder técnico que constituía un saber inferior.

 

2- Ciencia y tecnología tienen independencia ontológica, pero hay interacción entre ambas. Ejemplo: aportaciones de la ciencia a la tecnología.

 

3- la tecnología se subordina a la ciencia y puede reducirse a ella. En este caso la tecnología es entendida simplemente como ciencia aplicada.

 

4- Ciencia y tecnología son lo mismo (tecnociencia postmoderna); esto es, no se diferencian ontológicamente, y la definición de tecnología sería la misma que la definición de ciencia (o abría que crear una nueva que abarcase a ambas)

 

5- La ciencia se subordina a la tecnología y puede reducirse a ella. En este caso son las teorías científicas las que se contemplan como instrumentos conceptuales sofisticados de la práctica humana.5

 

Ninguno de estos modelos es atemporal, cada uno puede ser válido en un momento determinado de la historia y en un lugar concreto, pero ninguno de ellos es generalizable. Además consideramos que una definición de la tecnología dependiente de su ciencia, es una definición en términos dicotómicos que si bien puede ser metodológicamente útil, no alcanza toda la complejidad que rodea al término y por tanto será siempre reduccionista.

 

    3.2. Intentando una definición de la tecnología no dicotómica

 

Si no queremos realizar una definición como las anteriores que defina la tecnología en relación a la ciencia, sólo nos queda intentar una definición en relación a los productos tecnológicos.

 

Esto puede parecer sencillo cuando hablamos de la producción tecnológica de la prehistoria, de la Edad Media, o incluso, quizá sea posible también mientras nos remitamos a épocas anteriores a la nuestra. Pero si intentamos dar una definición atemporal surgen los problemas, ya que intentar definir la tecnología a través de los productos tecnológicos, supone saber en qué consiste un producto tecnológico, o, para simplificar ¿qué es una máquina? Esta es una pregunta que anuncia permanentemente un fracaso, en tanto que, se nos pide una determinación de los productos tecnológicos que nunca puede ser más que una glosa del pasado (para la generación de nuestros abuelos o padres una célula creada en el laboratorio no podría considerarse una máquina, incluso a nosotros nos encaja más mal que bien con la idea de máquina, pero para nuestros hijos y nietos quizá ya no sea tan problemático hacer esta enunciación).

 

Al tratar de contestar esta pregunta contemporáneamente aparecen todas las polémicas que se refieren a la delimitación de la máquina y, neuróticamente, la que se refiere a la distinción entre ésta y el ser humano. Si Nietzsche definía al hombre como el animal no fijado, en tanto que está en una constante construcción de sí mismo, la tecnología sería la mayor expresión del hombre en este sentido, puesto que si al hombre no se le puede definir más que como a un ser que se autodefine a cada paso, la tecnología también requiere y requerirá siempre ser constantemente redefinida.

 

Esta definición, pese a su falta de utilidad metodológica, puesto que constituye más bien una anti-definición, es, pese a todo, útil en tanto que coloca lo tecnológico al lado de lo humano.


4. Caminando sobre el abismo

 

Hemos visto como se ha llegado a construir el abismo humano/tecnológico en nuestra cultura, ahora veremos que ese abismo es, en realidad, un abismo imaginado. Desde teóricos que lo analizan, hasta seres que, sin saberlo, están caminando sobre él, todos nos muestran que el abismo no es más que una ilusión.

 

4.1. Antecedentes: El hombre máquina de LaMettrie

 

Hemos visto antes que la dualidad humano/tecnología se basa en una dualidad anterior, la dualidad mente/cuerpo. Por ello consideramos que LaMettrie, al negar esta dualidad, es uno de los antecedentes que podemos tomar en consideración en el estudio de la negación de la dualidad humano/tecnológico. El escribe en este contexto de escisión del sujeto en alma y cuerpo, en el que alza su voz discordante y negando la dualidad sugiere que no somos más que cuerpo. Son sus observaciones médicas las que le llevan a afirmar esta indisoluble relación de los estados psíquicos y los físicos: “si quien piensa dentro de mi cerebro no es una parte de esa víscera y, en consecuencia de todo el cuerpo ¿por qué cuando tranquilamente en mi cama elaboro el plan de una obra o sigo un razonamiento abstracto se me calienta la sangre? ¿por qué la fiebre del espíritu pasa a mis venas? Preguntádselo a los hombres con imaginación, a los grandes poetas (…) Por su entusiasmo, por lo que dirán que han experimentado(...), conoceréis la unidad material del hombre”6

 

De este modo arremete contra Descartes, por su defensa de la dualidad cuerpo mente, pero tomando de él su descripción del cuerpo de los animales como máquina y radicalizándola al afirmar, (antes de que los evolucionistas lo hicieran) que entre hombres y animales sólo hay diferencias de gradación y no de naturaleza Así traslada la tesis del animal máquina cartesiano, a los humanos: al hombre máquina. Según esta teoría los hombres, al igual que el resto de seres vivos, no son más que máquinas, eso sí, tan perfectas que son capaces, según la metáfora del reloj empleada por La Mettrie, de darse cuerda a sí mismas: “El cuerpo humano es un reloj, pero inmenso y construido con tanto artificio y habilidad que si la rueda que sirve para marcar los segundos llega a detenerse, la de los minutos gira y sigue siempre su camino”7

 

Así opone un monismo materialista al dualismo cartesiano: Los hombres también son naturaleza, desmantelando la fementida escisión de cultura y naturaleza, siendo la cultura un producto de la naturaleza del ser humano.

 

Pero ¿cómo se hace posible esta supresión del dualismo que lleva acabo La Mettrie? Por su teoría sobre la materia, en ella afirma que la materia no es algo pasivo sobre la cual el alma insufle un hálito de vida, como se sostenía hasta entonces, sino que la materia posee en sí misma un principio de movimiento, principio del que surgen todas las formas de vida, fruto de los distintos modos de organización de la materia e, incluso, el pensamiento, de forma que: “Ser máquina, sentir, pensar, saber distinguir el bien del mal, como el azul del amarillo, en una palabra, haber nacido con inteligencia y un instinto seguro sobre moral, y no ser más que un animal son, por tanto, cosas no más contradictorias que ser un mono o un loro y saber procurarse placer”8

 

De este modo, La Mettrie resuelve las dicotomías cuerpo/mente, naturaleza/cultura y humano/tecnológico, convirtiéndose además, sin saberlo, en uno de los primeros emergentistas de la historia.

 

4.2. Los cyborgs: seres sobre el abismo

 

La palabra cyborg significa literalmente organismo cibernético y como tal designa a seres que constituyen una mezcla de elementos orgánicos y dispositivos mecánicos, generalmente con la intención de mejorar las capacidades de la parte orgánica mediante el uso de tecnología artificial. Cuando escuchamos esta definición, seguramente la representación mental que nos hacemos es muy cercana a imágenes de la ciencia ficción. Pero los cyborgs no existen únicamente en la ciencia ficción, ni se hace necesario proyectarnos hacia un futuro lejano para encontrar cyborgs. Un cyborg es también un astronauta o un piloto de aviones de combate, cuyos interfaces (casco, traje y especialmente visores) están diseñados para ampliar su percepción del entorno procesando información y presentándole sus resultados sobreimpresos frente a sus ojos. Ni siquiera hace falta que nos vayamos tan lejos, a nuestro alrededor hay cientos de personas que tienen en su organismo partes que funcionan como mecanismos cibernéticos como pueden ser las personas con miembros protésicos, marcapasos, articulaciones artificiales… incluso, nosotros mismos, que empleamos constantemente herramientas de alta tecnología, que nos comunicamos entre nosotros mediante móviles, que trabajamos con ordenadores con acceso a internet... nosotros mismos somos cyborgs, ya que “la integración hombre-máquina puede ser temporal, no necesariamente un cyborg tiene que ser un individuo que esté permanentemente integrado”9

 

El ser humano se caracteriza por su plasticidad, por su capacidad de construirse y reconstruirse, cuando se le hace patente una limitación, genera algo para solventarla, la tecnología, de este modo, se nos presenta como una característica propiamente humana. Actualmente la evolución natural está siendo sustituida por la evolución tecnológica, de modo que cada vez humanos se construyen mediante la tecnología.

 

Desde esta perspectiva los cyborgs se nos presentan como auténticos seres sobre el abismo humano/tecnológico, humanos que se interpretan, re-interpretan, construyen y re-construyen constantemente. Son la continua metáfora, variable y cambiante, mostrándonos la falsedad de las dicotomías artificial/natural, humano/tecnología y haciendo que cualquier intento de presentar la tecnología en oposición a lo humano sea frustrado.

 

De este modo, la figura del cyborg permite, no sólo mostrar que el abismo es inexistente y fue tan solo imaginado, sino también reinterpretar los conceptos de natural o artificial cuestionando la fementida separación naturaleza/cultura. De este modo las nuevas tecnologías hacen ambigua la idea de la diferencia entre lo natural y lo artificial, la mente y el cuerpo, mostrándonos, como hace Haraway, que todos somos cyborgs, con implantes y prótesis o no, pues en el ámbito de lo humano todo es artificial.


5. Conclusión: Cuestionando la distinción naturaleza/cultura, desde la comprensión del ser humano como tecnológico.


Hemos visto a lo largo del presente trabajo que la tecnología es fruto de la cultura humana y que, como ya fue consciente La Mettrie hace siglos, la cultura no es algo contrapuesto a la naturaleza, sino que precisamente la naturaleza del ser humano consiste en su cultura. Digamos por tanto, que una vez superamos las distinciones cuerpo/mente, naturaleza/cultura... podemos asumir que la naturaleza del humano es tecnológica. Y podemos caminar firmemente sobre el abismo que ahora se nos muestra como imaginado.

 

De este modo, desde la comprensión del ser humano como un ser tecnológico, y desde la ruptura de la escisión humano/tecnológico, se nos hace imposible seguir sosteniendo las antiguas dicotomías que marcaban nuestro pensamiento generando una serie de problemas que la Filosofía arrastra desde Platón.

 

Bibliografía:


 

-Filosofía de la técnica. Diccionario de Filosofía Herder en CD-ROM.

 

-Acevedo Díaz, J.A. Modelos de relaciones entre Ciencia y Tecnología: Un análisis social e histórico; Revista Eureka Vol. 3, Número 2. 2006.

 

-Freud, Lo siniestro, Obras completas de Freud en CD-ROOM.

 

-González García, M. I., López Cerezo, J. A. y Luján, J. L. Ciencia, Tecnología y Sociedad. Una introducción al estudio social de la ciencia y la tecnología. Madrid: Tecnos. 1996.

 

-Haraway, D. Ciencia, Cyborgs y mujeres, Cátedra, Madrid, 1995.

 

-La Mettrie: El hombre máquina, Valdemar, Madrid, 2000.

 

-Niiniluoto, I. Ciencia frente a Tecnología: ¿Diferencia o identidad? Arbor 1997.

 

-Sadie, P. Ceros + Unos, Mujeres digitales + la nueva tecnocultura Destino, Barcelona, 1998.

 

-Sibilia, P. El hombre postorgánico: Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005.

 

-Tsang, D.: Notes on QueerN Asian Virtual Sex. En David Bell y Barbara Kennedy (Eds.) The Cybercultures Reader. Routledge, E.U.A, 2000.

 

-Vattimo G. El sujeto y la máscara: Nietzsche y el problema de la liberación, Ediciones península, Barcelona, 2003.

 

-VNS Matriz, «Manifiesto de la zorra mutante», en Estudios on-line sobre arte y mujer, http://w3art.es/estudios, 1991.

 

-Watanabe, M. Cultura y mentalidad japonesas, Discurso pronunciado por el Ministro Masaru Watanabe en la 33° Feria Internacional del Libro el 27 de abril de 2007.

 

-Yehya, N. El cuerpo transformado: cyborgs y nuestra descendencia tecnológica, Paidos, Méjico, 2001.


Notas:

 

1 Ver Cultura y mentalidad japonesas, Discurso pronunciado por el Ministro Masaru Watanabe en la 33° Feria Internacional del Libro el 27 de abril de 2007.

2 Ver Cultura y mentalidad japonesas, Discurso pronunciado por el Ministro Masaru Watanabe en la 33° Feria Internacional del Libro el 27 de abril de 2007.

3 Filosofía de la técnica. Diccionario de Filosofía Herder en CD-ROM

4 Niiniluoto, I. Ciencia frente a Tecnología: ¿Diferencia o identidad? Arbor 1997.

5 Ver Acevedo Díaz, José Antonio (2006): Modelos de relaciones entre Ciencia y Tecnología: Un análisis social e histórico; Revista Eureka Vol. 3, Número 2.

6 La Mettrie: El hombre máquina , Valdemar, Madrid, 2000, p104.

7 La Mettrie: El hombre máquina , Valdemar, Madrid, 2000, p114.

8 La Mettrie: El hombre máquina , Valdemar, Madrid, 2000, p117

9 Dr. Ernesto Grün, docente de la UBA, ex-presidente de la Asociación Argentina de Teoría General de Sistemas y Cibernética e integrante del GESI (Grupo de Estudio de Sistemas).